No me gusta hablar de mi en tercera persona. Mi primera memoria musical viene de un comercial sobre una exposición de Rodin musicalizado con la Tercera Sinfonía de Mahler. Desde entonces, la música se volvió un misterio para descifrar: desde un casete arrumbado de Stockhausen hasta una grabación de Messiaen en la secundaria. Perseguí esa fascinación en la Academia Fermatta y en la Universidad de Wisconsin-Madison, donde estudié composición con Joel Naumann y guitarra con Javier Calderón. Debido a mis fuertes reservas de dedicarme a la actividad musical formal, enfoqué mi carrera profesional en el activismo laboral internacional. Paralelamente, mi búsqueda creativa transitó por el punk, el son jarocho y el setar iraní. En EE. UU., cofundé el programa de música del mundo Global Revolutions en WORT 89.9 FM y en México participé en la musicalización de documentales como la serie Palacios de México de Canal 14. Me asumo como un compositor joven, habiendo iniciado la presentación pública de mi obra a los 45 años, gracias en gran parte al impulso del compositor y violonchelista David Keller. He sido premiado con el apoyo de intérpretes como Victoria Franco y los Pequeños Cantores de Atlixco, Sergio Sandre y el Cuarteto de Guitarras Alfeñique, Adriana Acevedo y los Niños Cantores de Huaquechula, el Cuarteto de Saxofones Los Hijos de Ehécatl, así como Abraham Medel y el proyecto Musikontempo de Israel Gaytán y Emiliano Ortiz. Vivo en Atlixco, Puebla, y sigo mis estudios musicales descifrando fenómenos como el pop y el corrido tumbado. Dirijo Creando Música y Comunidad (CMC). Esta iniciativa independiente concibe la música de arte como un derecho que debe ser sostenido por la comunidad, libre de lógicas comerciales o subsidios institucionales.